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Gallaecia petrea

28 Oct

Un despropósito como La Ciudad del Cultura tenía que inagurarse con una exposición digna, que en vez de llamarse la exposición temporal del despropósito, se llama Gallaecia petrea.

La sala de exposiciones temporales de La Ciudad de la Cultura, que viene a ser casi como el Museo de la Evolución Humana de Burgos, pero aquí sólo para temporales (¿¡!?) es el mamotreto que está más al fondo de los edificios construidos en este complejo. La primera sorpresa: mucho edificio, pero la entrada, como quién entra en una oficina de medio pelo, y ni un triste indicador.

Gallaecia petrea es una historia de Galicia a través de la piedra. Quédense con esto, porque no hay más hilo conductor de esta exposición. No sabemos quién la pensó. Mejor dicho: sabemos que no hubo nadie que pensara detrás de esto. Simplemente había que arrejuntar toda la piedra trabajada que se encontrara por el antiguo Reino de Galicia y ponerla allí.

Si alguien cree que exageramos verá que quien no pensó el argumento de la exposición, sí pensó que colocar dignamente cosas tan pesadas era un poco chungo. Así que tirando de la tradición de diseño y modernidad de la Galicia del Museo de Bellas Artes de Coruña y su Escuela de Arquitectura, la museografía es un alarde de modernidad. Qué mejor soporte para la piedra que pallets de madera. Así que las piezas se exponen como si estuvieran en un almacén de piedra de un museo arqueológico cualquiera. La fina ironía de esta metáfora cruel de la situación real de los museos arqueológicos de España (meros almacenes de seres inertes) cautiva el espíritu de cualquier poeta!!

La exposición se divide en Geología, Prehistoria, Roma, Medievo, Moderna y Contemporánea. La concepción museográfica es una mezcla entre lo decimonónico y la modernidad hippie. Por un lado las piezas no se explican, con lo cual, en plan decimonónico, que el visitante se siente delante de la piedra hasta que el espíritu de la historia le posea con su sabiduría. Por otro lado se presentan unos vídeos, uno por apartado, en plan metafísico: el agua, la piedra, la luz, Galicia, el espíritu de la piedra, el espíritu de lo gallego… Eso sí, en unas pantallas led modulares, que son una pasada, ya que permiten juntar módulos para hacer pantallas gigantes, y se ven muy bien.

Nos sorprendió encontrarnos algunas piezas asturianas. Unas mazas y unas hachas de las Minas del Aramo (tranquilos, que no se explica nada sobre minería prehistórica… para qué!), la lápida de Nicer y la lápida de Asturum et Luggonum.

¿Os recomendamos la visita? Pues sí. Por dos razones. La primera porque las piezas no hablan, pero son extraordinarias, así que por muy poco uno sepa, siempre hay un goce ante lo estético y ante la piedra antigua. La segunda porque estos despropósitos hay que verlos en primera persona, porque los responsables últimos de que se hagan estas cosas sin pensar en la sociedad, sólo para mayor gloria de quiénes la organizan, es nuestra, de todos los ciudadanos.

Así que os animamos a todos a ir: hasta el 15 de diciembre de 2012 está prevista, pero seguro que amplían, no por afluencia de público, sino porque será más caro transportar toda esa piedra otra vez a su sitio que tenerla allí tres meses más… Por cierto. Ni preguntéis por el catálogo: la España Sagrada del Padre Risco ofrece un texto más moderno (y es más barata).

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La Ciudad de la Cultura

20 Oct

Seguimos explotando la vis galaica. Otra cosa interesante para ver en Galicia es una exposición temporal que hay en la Ciudad de la Cultura de Santiago de Compostela, titulada Gallaecia petrea.

En primer lugar prepárense todos para reir y no parar. Ríanse de las Olimpiadas de Barcelona ´92, de la Expo de Sevilla, las urbanizaciones de Paco el Pocero o de La Laboral de Gijón. La palabra desproporción alcanza un nuevo significado después de ver la Ciudad de La Cultura de Santiago de Compostela.

Que no se sorprenda el visitante, que verá cerrando el horizonte de Santiago estos majestuosos edificios con forma de olas, pero no encontrará ni un triste cartel que le diga por dónde acceder en coche. Spain is different, ya se sabe.

Que no se sorprenda el visitante cuando llegue al aparcamiento y vea que el diseñador que lo discurrió lo dispuso más alto que los edificios, para que destaque la explanada del aparcamiento, no las construcciones. Humildad fingida, que ya verán dentro.

Que no se sorprenda el visitante cuando observe el aparcamiento vacío. No es una película de miedo. Es que quién va a ir a perderse a las afueras de Santiago de Compostela con todo lo que hay para hacer en Galicia (sus costas, sus restaurantes, sus catedrales, su animada vida urbana, sus fiestas y sus gentes).

Que no se sorprenda el visitante ante la magnificencia de la arquitectura, esos bloques de piedra para techar. ¡¡Piedra en bloques!! Nada de lajas de pizarra. Piedra, mucha piedra, por todos lados. Y hormigón. Porque para aguantar toda esa piedra tiene que haber hormigón ahí debajo para construir seis torre gemelas en Nueva York. Eso sí, sólo verán ustedes piedra.

Un edificio, dos, tres, cuatro, el agujero de otro, una plazoleta, otra plaza… Una cafetería casi vacía y enfrente la ¡Biblioteca de Galicia! Claro hombre, si yo venía aquí a sacar un libro prestado, a las afueras de Santiago, para luego ir a la playa a leerlo… Sí, ya sé que es la era pre-e-book y que San Google tiene al beato Google-books, pero es que soy un clásico… Uy, si me he olvidado el carnet. Bueno: vuelvo el lustro que viene, que esto me queda tan a mano y está tan bien indicáu… Cuenta la leyenda que se han vaciado unas cuantas bibliotecas gallegas para dotar de fondos a esta revolucionaria institución.

Bueno. La exposición temporal la dejamos para la siguiente, porque sólo la Ciudad de La Cultura ya supera con creces la dimensión de una entrada de blog razonable.

Acabaremos con la reflexión de ¿y por qué? Barcelona ´92 colocó a España y a la ciudad catalana en el mundo. La Expo de Sevilla idem. Entre las dos nos animaron el PIB un par de puntos y nos dieron una miniera de crecimiento. Las urbanizaciones de Paco el Pocero no tiene perdón, la verdad. La Laboral de Gijón, por más que queramos criticarla, es un edificio que ya existía, fruto de la megalomanía de un ministro falangista de Franco… Algo había que hacer: o lo dejábamos caer o lo utilizábamos.

¿Pero, y esto?, que diría un gallego.